La fuerza de Lollipop Chainsaw reside en que sabe que es ridículo. Lo sabe y lo explota. El juego se presenta como un intento subversivo de retratar a la protagonista femenina de videojuegos como absurda e insensata. Juliet Starling actúa a la vez como animadora cazazombies y como uno de los estándares principales de los videojuegos: la idealización física de la mujer. Su profesor de artes marciales resulta ser un pervertido que le insta a dar volteretas laterales llevando ropa interior con volantes. Muy mona, por cierto. Y su estilo de lucha es mucho más efectivo con la ayuda de una barra de stripper. Ajá.
